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Los seres humanos a lo largo de nuestra vida nos enfrentamos
con problemas ya sean de la vida cotidiana, bien propios de los
ciclos vitales de la persona, de nuestras relaciones familiares,
de nuestra sociedad o bien debidas a cambios fisiológicos
inesperados o imprevistos como lo es una enfermedad, que según
su sintomatología y el significado que el paciente le atribuya,
traerá consigo cambios psicológicos, sociales y económicos,
etc.
Una enfermedad como la Cistitis Intersticial en la cual hasta hoy
no se ha establecido un tratamiento medico efectivo para una recuperación
total, acarrea como consecuencia del malestar físico cambios
en el estado de animo y por tanto cambios en el comportamiento de
las diferentes esferas de su vida, como lo son los papeles que desempeña
dentro de la familia, el ámbito laboral, en su vida sexual,
etc.
La CI exige que la persona que la padece, así como sus familiares
y personas cercanas a ella, enfrenten cambios bio-psico-sociales
drásticos. Ante estos cambios, habrá muy diversas
reacciones de parte del paciente y de sus familiares según
los significados y por tanto actitudes que tomen ante la enfermedad.
Habrá quienes pueda tomarlo de una manera totalmente desolada
y desesperanzadora, asumiéndose como impotentes ante todas
las implicaciones de la enfermedad que les cambio la vida. No se
asumen ella misma como productora de cambios.
Habrá también quien de manera gradual se haya propuesto
que tiene el papel activo de mayor importancia dentro de la enfermedad
y decida ocuparse, no solo preocuparse de esta. Participando en
una búsqueda constante de posibilidades que la ayuden a encontrar
una estabilidad, una manera de afrontar día a día
a la enfermedad, identificando y fortaleciendo las actitudes y apoyos
que favorecen su estado emocional y disminuyen su malestar físico.
Con lo anterior no quiero decir que hayan personas que tengan una
mala actitud ante la enfermedad y otras que tengan una buena actitud,
con esto quiero aclarar que todas las personas con CI, aunque tengan
la misma enfermedad, tienen diferentes estilos de vida y maneras
únicas de ser y de pensar y que por tanto tendrán
distintas maneras de afrontar la enfermedad. Pero si tomamos esto
también asumimos que no hay solo una manera de afrontar la
CI, sino que podemos tener un enorme repertorio de posibilidades
para crear de manera conjunta con nuestro entorno social un bienestar
nuestro bienestar y que no estamos cerrados solo a la resignación
o a la desesperanza.
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